Sarna: sarna humana, síntomas, tratamiento, contagio
Sarna: sarna humana, síntomas, tratamiento, contagio

Sarna: sarna humana, síntomas, tratamiento, contagio

Descrita desde hace siglos en numerosos textos, la sarna crea cada año millones de casos en el mundo. Sin embargo, sigue siendo desconocida para el público en general y a menudo se la asocia de manera equivocada a una falta de higiene. En realidad, la sarna puede afectar a todo el mundo, sin hacer distinción de edad, sexo, categoría social u origen étnico.

Introducción

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sarna da cada año más de 300 millones de enfermos en el mundo.   

En Europa, la enfermedad se ha vuelto relativamente rara, pero va en aumento desde hace algunos años. De esta manera, se han observado varios casos, sobre todo en los colegios. También llamada «escabiosis», la sarna es una enfermedad que afecta a la piel y está causada por un parásito conocido con el nombre de ácaro (sarcoptes scabiei). La hembra de este ácaro microscópico tiene por costumbre excavar surcos en la piel y depositar ahí sus huevos, lo que tiene por efecto crear lesiones y quemazones.

Sin embargo, se distingue la sarna humana (transmitida entre dos personas) de la sarna no humana, transmitida por un animal o un vegetal. Pero la sarna no humana es excepcional en la medida en la que los parásitos responsables no evolucionan, por lo general, en los humanos. Con menos de 0,5 milímetros, el parásito es capaz de sobrevivir unos días fuera de un huésped humano si las condiciones son favorables, lo que aumenta el contagio de la sarna.

Aunque la sarna puede afectar en cualquier momento del año, los picos de contagio tienen lugar más a menudo en invierno y en otoño. Los contactos físicos repetidos, sobre todo en comunidad, aumentan el riesgo de transmisión del parásito. Pero las personas inmunodeprimidas o mayores son más vulnerables a la sarna.

Sarna: periodo de incubación

 

Una vez que el ácaro ha alcanzado a la piel, la enfermedad no se manifestará inmediatamente. Se necesitan al menos dos semanas, incluso hasta seis, para que aparezcan los primeros síntomas.

La sarna se puede manifestar en varias formas que diferirán del número de ácaros que se encuentren presentes en la epidermis. La más frecuente es la sarna común que está causada por unos pocos en unas cuantas decenas de parásitos. Si los individuos son más numerosos (varios centenares), la infección es más extensa y se habla de «sarna profusa». Sin embargo, el tiempo de incubación es largo sea cual sea la forma de la enfermedad.

Después del contagio de la sarna, hay que esperar al menos dos semanas antes de que los primeros síntomas aparezcan. En algunos casos, este plazo puede extenderse hasta seis semanas. Antes de esto, la infección es totalmente silenciosa. De hecho, este período de incubación corresponde al tiempo que el parásito necesita para reproducirse. De hecho, cuando los ácaros alcanzan la piel, los machos y las hembras se aparean antes de pasar debajo de la epidermis.

Ciclo de reproduccción de los ácaros

Después, mientras los machos se mueren, las hembras empiezan a poner sus huevos (de 3 a 5 por día) al tiempo que se desplazan de 1 a 2 centímetros por día en el espesor de la piel, formando de esta manera pequeños surcos. Es el principio de un ciclo que durará unos veinte días. Responsables de los síntomas de la enfermedad, las hembras permanecerán allí durante toda su vida, es decir, de dos a tres meses. Durante este tiempo, los huevos se desarrollan y eclosionan al cabo de unos pocos días.

Después, liberan larvas que se vuelven adultos en dos semanas. A partir de ahí, los individuos suben a la superficie de la piel donde es su turno para aparearse: comienza un nuevo ciclo y los parásitos se multiplican. Por lo general, los surcos albergan entre 5 y 15 ácaros adultos, pero este número puede ser más importante.

Sarna: síntomas de la enfermedad

Puesto que la sarna es una enfermedad que afecta a la piel, los síntomas aparecerán principalmente en la epidermis en forma de quemazones y lesiones.

Síntomas : ¿cómo reconocer la sarna?

Las responsables de la aparición de los primeros síntomas de la sarna son las hembras de los ácaros. Cuando éstas han sido fecundadas, pondrán huevos, al tiempo que excavan surcos en la epidermis, lo que provocará la aparición de intensas picazones. Por lo general, son más fuertes a la hora de ir a acostarse y por la noche. Particularmente molestas, pueden causar incluso un insomnio en el enfermo.

A medida que los parásitos se multiplican, las lesiones que eran invisibles durante los primeros días, empezarán a aparecer. Se manifiestan en forma de marcas rosáceas y alargadas (una especie de túneles) que se extienden unos pocos milímetros. Pero unas manchitas rosáceas y translúcidas en la base (una especie de perlas), que son lo que caracteriza la enfermedad, también pueden aparecer en la piel. Rascarse estas lesiones que causan picazones intensas puede conducir a la aparición de costras.

Zonas concretas

En algunos casos, la piel también puede reaccionar a la infección por medio de una urticaria o de un eczema. Muy a menudo, las lesiones aparecen entre los dedos, en la cara anterior de las muñecas, en los pliegues de los codos, debajo de las axilas, en la cintura, en la cara interna de los muslos o en la parte inferior de las nalgas. En las mujeres, también se pueden manifestar en la areola de los senos y en los hombres, en el glande.

Son posibles otras zonas, pero son más raras. En los bebés o los niños pequeños, las lesiones a menudo son visibles en la palma de las manos y en los pies. En las personas inmunodeprimidas y en las personas mayores, están más extendidas y se sitúan por lo general en las extremidades. Excepto en estas personas, las lesiones de la sarna no aparecen muy a menudo ni en la espalda ni en el rostro.

Si no se trata la sarna, las lesiones continuarán progresando. Con picazones cada vez más intensas, el riesgo de rascarse es cada vez más importante, lo que puede conducir a heridas y sangrados. El riesgo de sobreinfección es entonces también más elevado.

Sarna: contagio y transmisión

La sarna es una enfermedad con mucho contagio que se transmite por el contacto directo con una persona infectada, pero también en los casos más raros, por el contacto con objetos contaminados.

Transmisión de la sarna

Por lo general, la sarna tiene unas repercusiones importantes en la calidad de la vida de los enfermos, primero por las lesiones que causa en la piel y después por el riesgo de transmisión que conlleva. Después de que hayan eclosionado los huevos del parásito, los individuos suben a la superficie para aparearse y multiplicarse a su vez.

Por lo tanto, pueden depositarse con facilidad sobre todo lo que el enfermo toque y pasar a otra persona que entraría en contacto con éste. La enfermedad también puede transmitirse ya sea por contacto directo muy a menudo estrecho y repetido o prolongado, ya sea, de manera menos frecuente, por contacto con un objeto o una superficie contaminada. De hecho, los parásitos pueden sobrevivir horas, incluso días, fuera del huésped humano si las condiciones son favorables.

Infección sexual transmisible

La sarna también se considera como una enfermedad de transmisión sexual (ETS), puesto que puede transmitirse durante las relaciones sexuales, sobre todo si las lesiones están localizadas en la zona genital. Una simple protección durante las relaciones no es suficiente para eliminar el riesgo de contagio de sarna, ya que estos se inducen por otros contactos directos que pueden permitirlo.

La sarna es contagiosa antes incluso de la aparición de los primeros síntomas y permanece al menos 48 horas después del inicio del tratamiento. Esto es por lo que hay que estar atento desde que se identifica la enfermedad, puesto que la persona infectada puede haber ya contagiado a un gran número de personas, y sobre todo a sus familiares.

Sarna: tratamiento y cómo curarla

Aunque la sarna no es una enfermedad grave, no puede curarse de manera espontánea y, por lo tanto, necesita un tratamiento para eliminar los parásitos presentes.

Diagnóstico de la sarna

El diagnóstico de la sarna se puede realizar desde que aparecen los primeros síntomas. De esta manera, si varios miembros de una familia se ven afectados por fuertes picazones, se sospecha rápidamente la sarna. Del mismo modo, en una etapa más avanzada, la aparición de lesiones características conducirá necesariamente a sospechar mucho un caso de sarna. Después, el diagnóstico se puede confirmar por la detección de los parásitos en las lesiones.

Una vez que se ha confirmado la enfermedad, la sarna se tiene que tratar lo más pronto posible. De hecho, la enfermedad no se cura de manera espontánea y, por lo tanto, necesita un tratamiento que permitirá destruir los ácaros y limitar el riesgo de transmisión a las personas que se encuentran en contacto con el enfermo. Por este motivo, el tratamiento se tiene que administrar, no sólo a la persona contagiada, sino que también a sus familiares, aunque estos no presenten ningún signo visible de sarna.

Varios tratamientos locales disponibles

En caso de vida en comunidad, el enfermo tiene que ser aislado durante al menos 48 horas después del inicio del tratamiento. Un período durante el cual sigue siendo contagioso. A fecha de hoy, existen varios tipos de tratamientos para curar la sarna y la mayoría de ellos son locales. El más utilizado es el benzoato de bencilo, que se presenta en forma de loción o de crema.

Este tratamiento se tiene que extender sobre todo el cuerpo (excepto sobre el rostro y el cuero cabelludo) y se mantiene de esta manera durante unas horas hasta 24 horas dependiendo de los casos antes de lavarse. Muy a menudo son necesarias dos aplicaciones. El benzoato de bencilo es eficaz para eliminar los ácaros, pero su modo de administración y su lado irritante en algunas personas puede llevar a optar por otro tratamiento.

De esta manera, es posible recurrir a la esdepaletrina, que se presenta en forma de aerosol, se aplica como el descrito anteriormente casi sobre todo el cuerpo. Aunque por lo general una sola aplicación es eficaz, está contraindicado en las personas asmáticas, en los niños y en los bebés que padezcan bronquiolitis.

Medicamentos de vía oral

Además de los tratamientos locales, el médico también puede prescribir un medicamento por vía oral, la ivermectina. En una o dos tomas dependiendo de los casos, este tratamiento es tan eficaz como las aplicaciones locales. Sin embargo, presenta algunos efectos secundarios, como una exacerbación de las picazones, náuseas o incluso mareos, y no se recomienda a las mujeres embarazadas.

Sea cual sea el medicamento prescrito, la posología y la duración del tratamiento se tienen que respetar para que sea eficaz. Esto permite la desaparición progresiva de las lesiones y de las picazones después del tratamiento. Si las picazones son demasiado importantes, o las lesiones presentan un riesgo de sobreinfección, el médico también puede prescribir otros tratamientos antihistamínicos o antibióticos.

Una zona que se debe limpiar a fondo

En paralelo con este medicamento, es imperativo ocuparse del entorno doméstico del enfermo y/o del lugar donde el parásito se haya podido encontrar. Hay que lavar toda la ropa a 60º C, ropa de baño y de cama que haya podido entrar en contacto con él para eliminar los parásitos. Cualquier tela del sofá, del asiento del cocho u otros, también se tiene que limpiar, así como cualquier superficie que haya podido verse contagiada durante los tres o cuatro días precedentes al tratamiento.

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Para los objetos que no se puedan lavar (peluches, juguetes, etc.), desparasitarlos con la ayuda de un aerosol o de un polvo y encerrarlos en una bolsa durante tres días, cuando sea posible. Una falta de limpieza o insuficiente puede conducir a un nuevo contagio de sarna incluso cuando el tratamiento ha sido eficaz.

Escrito por Natalia C
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