El problema con la fiebre que ha creado el coronavirus
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El problema con la fiebre que ha creado el coronavirus

Uno de los síntomas de la COVID-19 es la fiebre. Por eso, es cada vez más habitual que las personas se preocupen por presentar esta patología, ya que tenerla significaría la manifestación sintomática de la enfermedad.

Antes de alarmarse hay que evaluar la situación en su conjunto y tener presente una serie de factores y no pecar de fiebrefobia, o lo que es lo mismo, no obsesionarse por tener la temperatura alta sin motivo aparente.

En la mayoría de casos la fiebre no se presenta como el único síntoma de la enfermedad, si no que suele ir acompañada por cansancio, tos seca y dificultad respiratoria. Antes de pensar que en la posibilidad de estar contagiado, debes saber que la temperatura depende de distintos factores, como por ejemplo la hora.

La temperatura corporal será más elevada por la tarde y bajará por la noche. Otro factor determinante es el dónde. No es lo mismo registrar la temperatura en la axila, que en la boca o en el recto, donde es 0,4 grados mayor.

Por otro lado, sí que hay que vigilar cuando la temperatura supere los 37 grados. Se considera febrícula cuando nuestro cuerpo se encuentra entre los 37 y los 37,8 grados. Si tienes más de 37,8 se considera fiebre.

Los expertos recomiendan que hasta 37,8 grados simplemente vigiles la temperatura corporal. En caso de superar los 38 grados puedes recurrir al paracetamol o aliviar los síntomas con duchas de agua fría.

Lo más importante es mantener la calma y no preocuparse de más. Aún así, recuerda prestar atención cuando tengas más de 38 grados, sobre todo si va acompañado de otros síntomas. En estos casos, deberás acudir a tu médico o contactar con el teléfono de información sobre la COVID-19 de tu comunidad autónoma.

Escrito por Alejandra G.

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