Linfoma: definición, tratamiento, síntomas y esperanza de vida

Linfoma: definición, tratamiento, síntomas y esperanza de vida

De qué se trata, cómo tratarlo, cuáles son sus síntomas y qué esperanza de vida tiene un paciente que lo sufre. El linfoma es un cáncer del sistema linfático. Se distinguen dos grandes grupos: la enfermedad de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin, que presenta más del cincuenta por ciento de los diferentes cánceres, como el linfoma de Burkitt o el linfoma de manto. 

Cómo podemos definir el linfoma

El linfoma pulmonar es por definición un cáncer del sistema linfático. Éste último tiene como función asegurar la defensa inmunitaria del organismo y de actuar frente a los ataques exteriores de bacterias o virus. Agrupa los ganglios linfáticos, el bazo, las amígdalas, la médula ósea o incluso el timo.

Ésta red linfática permite la creación (a través de los ganglios) y la circulación (a través de los vasos linfáticos) de la linfa, un líquido biológico compuesto mayoritariamente por linfocitos, glóbulos blancos encargados de combatir las infecciones. Es un desarrollo anormal de estos linfocitos el que está en el origen del linfoma.

Los diferentes tipos de linfoma que existen: linfoma no Hodgkin y enfermedad de Hodgking  

Se distinguen dos categorías principales de linfoma: el linfoma no Hodgkin (LNH) y la enfermedad de Hodgking. Lo que los diferencia es la presencia específica de células de Reed-Sternberg en el caso de la enfermedad de Hodgkin. Se trata de grandes células tumorales características derivadas de un linfocito. Esta forma de linfoma es mucho más rara y afecta principalmente a los adultos jóvenes (entre 20 y 40 años).

El linfoma no Hodgkin se desarrolla a partir de linfocitos B en el 85% de los casos y de linfocitos T en el 15% restante. Existen más de cincuenta tipos de linfoma de tipo LNH. Se los clasifica en dos grupos generales:

-    las formas agresivas: se trata de formas que evolucionan muy rápidamente. Afecta a entre el 50 y el 60 % de los pacientes afectados por un linfoma. Hay que tomarlo muy en serio y necesitan una atención inmediata. Es el caso del linfoma de Burkitt y del linfoma de manto.

-    las formas indolentes: su evolución es mucho más lenta y puede realizarse en varios años. Representa del 40 al 50% de las personas afectadas por la enfermedad. Esto agrupa, por ejemplo, al linfoma folicular o al linfoma de MALT.

El linfoma y sus síntomas más comunes y característicos

Los signos clínicos del linfoma son bastante difíciles de diagnosticar, ya que son poco impresionantes en las primeras etapas de la enfermedad y muy parecidos a los de otras patologías. Por lo general, el primer síntoma en aparecer es un aumento indoloro del volumen de los ganglios (o adenopatía) en el cuello, en la ingle o en las axilas.

Muy a menudo, esto viene acompañado durante el desarrollo del linfoma, de fiebre, escalofríos, sudores nocturnos, una gran fatiga y una pérdida de peso inexplicable.

Dependiendo de la localización del linfoma y del órgano afectado, el enfermo también puede experimentar dolores abdominales si los tejidos linfáticos en el interior del estómago se ven afectados o dolores en el pecho que implican dificultades respiratorias.

Cómo puede evolucionar un linfoma

Se distinguen cuatro etapas de evolución de un cáncer de los linfocitos:

-    etapa I: un único grupo ganglionar o un único órgano está afectado

-    etapa II: el cáncer afecta a varios grupos ganglionares, pero sólo está presente en uno de los lados del diafragma

-    etapa III: el linfoma ahora ya está situado a ambos lados del diafragma

-    etapa IV: la enfermedad se ha desarrollado más allá del sistema linfático

Los diferentes tipos de causas que crean un linfoma

Las causas exactas del linfoma todavía no se conocen. Sin embargo, los investigadores han podido establecer varios factores que pueden tener una influencia en la aparición de la enfermedad, como las infecciones crónicas, como el virus Epstein-Barr, la malaria, el VIH o la bacteria Helicobacter pylori. Los déficits inmunitarios prolongados (síndrome de Wiskott-Aldrich, síndrome de Gougerot-Sjögren) también parece que aumentan los riesgos.

Además, los factores medioambientales entrarían en juego, como la exposición a pesticidas u otras sustancias tóxicas, una quimioterapia o tomar ciertos medicamentos (inmunosupresores).

Los distintos tratamientos, diagnósticos y la esperanza de vida de un linfoma

El tratamiento del linfoma depende de su tipo, así como de la etapa de su evolución. El linfoma tiene una esperanza de vida en los adultos que varía entre el 50 y el 80%. Los cánceres de los linfocitos B responden mejor al tratamiento que los de los linfocitos T.

Durante una etapa precoz de la enfermedad, se puede utilizar la radioterapia para destruir localmente las células cancerígenas y evitar su propagación. La luz de los rayos X de alta energía también están dirigidos hacia los ganglios afectados.

Se puede utilizar la quimioterapia cuando el linfoma está presente en varias partes del cuerpo en una etapa más avanzada. A menudo se efectúa en varios ciclos, vía intravenosa o por vía oral, o combinada con la radioterapia.

Si el tratamiento no es eficaz, también se puede efectuar un trasplante de células madre. Se trata de reemplazar las células de la médula ósea enferma por células de médula sana. Por lo general se extrae del paciente antes de empezar la quimioterapia.

Cómo podemos prevenir un linfoma

A día de hoy no hay ningún tipo de método preventivo para el linfoma, aunque para los expertos es de vital importancia llevar un estilo de vida saludable para así poder reducir al máximo el padecer esta enfermedad. Se recomienda por lo tanto evitar el sobrepeso y el tabaco por ejemplo, pero no tanto para prevenir, sino para que en el caso de padecer un linfoma, la esperanza de vida que puede tener un paciente sea mucho más alta.    

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Algunas recomendaciones para los pacientes con linfoma para alargar la esperanza de vida

Como hemos dicho, mantener una dieta equilibrada es de suma importancia en estos casos. Tal y como recomienda la SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica), entre el 55 y el 65 por ciento de lo que se consume tienen que ser carbohidratos, un 15 por ciento de proteínas y un 30 por ciento de grasas.

El realizar ejercicio de manera habitual, unos 3 o 5 veces a la semana es también muy importante. No solo es bueno para la salud, también lo es para el sistema inmunológico.

Ana Blasco
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