Leyendas irlandesas: el auténtico origen de Halloween está en Irlanda

Aunque lo habitual es que asociemos la celebración de Halloween a Estados Unidos, lo cierto es que esta festividad tiene origen en Irlanda, hace más de 2.000 años, y puede rastrearse en varias tradiciones y leyendas celtas.

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Cuando escuchamos la palabra “Halloween”, en seguida pensamos en Estados Unidos, en calabazas con sonrisas terroríficas, disfraces y el famoso “truco o trato”. Pero lo cierto es que el origen de esta celebración es muy distinto a lo que imaginamos: empezó hace 2.000 años, en Irlanda, y sus famosas calabazas eran al principio nabos.

Halloween, palabra proveniente de la expresión americana “The Hallowed Ones”, hace alusión al día de todos los santos, que se celebra el 1 de noviembre en gran parte del mundo. Pero su nombre original era Samhain, y era una festividad celta.

En el día de Samhain (“final de verano” en galéico) los druidas hacían ofrendas a los dioses, y se reunían en torno a una gran hoguera que representaba al sol. La celebraban entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, y consideraban que marcaba el final de un año.

Durante esta noche, según indican sus tradiciones, los muertos regresaban al mundo de los vivos para visitar a los mortales. Esta fiesta fue evolucionando hasta convertirse en la que ahora conocemos.

El origen de la calabaza de Halloween

Una de las cosas que más nos llaman la atención de esta festividad son las calabazas talladas, y es que su origen es realmente aterrador.

Fue en la Edad Media cuando comenzó a tallarse figuras terroríficas en ciertos vegetales, pero no eran calabazas, sino nabos.

Esto se debía a una popular leyenda irlandesa, la de El errante Jack O’Lantern, que había engañado al diablo para que no pudiera llevarse su alma. Como castigo, acabó vagando en el mundo de los mortales, sin poder ir al cielo ni al infierno, y vagaba siempre con un farol fabricado con un nabo que llevaba en su interior una brasa.

Por eso, en la noche de Halloween, las familias dejaban en su puerta un nabo iluminado para espantar al diablo haciéndole pensar que allí estaba Jack O’Lantern.

Esta tradición se llevó a Estados Unidos cuando los irlandeses migraron al continente americano, donde había exceso de calabazas. Fue entonces cuando el nabo se transformó en lo que ahora conocemos.