La escarlatina: contagio, síntomas, tratamiento y diagnóstico

La escarlatina: contagio, síntomas, tratamiento y diagnóstico

La escarlatina afecta a niños entre 5 y 10 años, generalmente a través de pequeñas epidemias escolares.

Aunque la escarlatina causó estragos durante varios siglos, hace mucho tiempo que se ha confundido con otras enfermedades y sólo ha sido identificada con claridad a finales del siglo XIX. Durante los años siguientes, fue estudiada con más precisión, lo que permitió desarrollar sueros y vacunas. Hoy en día, la enfermedad se ha vuelto mucho más rara. Sin embargo, continúa causando estragos cada invierno en los niños de 5 a 10 años.

Esto da lugar a pequeñas epidemias que se propagan en los niños en el colegio, muy a menudo durante la estación fría. En cambio, la enfermedad es cada vez más rara en los niños de menos de 2 años. A los 10 años, se estima que el 80% de los niños ya han estado expuestos al agente responsable de la escarlatina y estarán, por lo tanto, protegidos durante toda su vida, excepto en casos raros. De esta manera, la enfermedad es posible pero muy rara en los adultos.

Leer más
Un gato salvaje es grabado cazando monos por primera vez

¿Qué es la escarlatina?

La escarlatina, a veces llamada fiebre escarlata, es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Streptococcus pyogenes (estreptococo del grupo A). Una vez en el organismo, ésta última tiene la particularidad de secretar toxinas que pueden ser de varios tipos: A, B, C, D. Ellas son las que van a provocar la aparición de los signos de la escarlatina, pero las toxinas A conducirán a una forma más virulenta de la enfermedad que los B o C.

Sin embargo, los cuatro tipos provocarán la aparición de una coloración «rojo frambuesa» en la piel. Por lo tanto, los principales signos son cutáneos, pero la escarlatina también se asocia con otros síntomas.

1. Síntomas y duración de la escarlatina

La escarlatina está causada por una bacteria que fabricará toxinas en el cuerpo del individuo contagiado. Una vez que el estreptococo ha entrado en el organismo, el período de incubación es, por lo general, de 2 a 5 días.

Síntomas: ¿cómo reconocer la escarlatina? 

Cuando hay contagio de escarlatina, puesto que forma parte de las enfermedades eruptivas, es reconocible principalmente por los síntomas cutáneos de los que es responsable. Pero no son los primeros en aparecer y la enfermedad también provoca otros síntomas. Entre 2 y 5 días después de que la bacteria haya entrado en el organismo, ésta empezará a fabricar las toxinas que generarán un inicio repentino de la enfermedad.

En esta etapa, el enfermo sufre una fiebre elevada (39-40º C), escalofríos, dolores de garganta (angina) con una sensación de molestia al comer o al tragar. Por lo general, la escarlatina también provoca dolores abdominales, vómitos o incluso una taquicardia (ritmo cardíaco más rápido). De uno a dos días después de la aparición de los primeros signos, se manifiesta una erupción cutánea bastante típica.

En primer lugar la piel se vuelve de un color rojo frambuesa en las axilas, los pliegues de los codos y en la ingle. Por lo general, el enrojecimiento es difuso y salpicado de puntos de un color rojo más intenso. Esto le da a la piel un aspecto granuloso y rugoso al tacto. Después, la erupción puede difundirse a otras partes del cuerpo, como la parte superior del tórax, la parte inferior del abdomen, el rostro y las extremidades (las palmas de las manos y las plantas de los pies).

También aparece una erupción en la boca: el interior de la boca se tiñe de rojo y la lengua adquiere un aspecto característico cubriéndose con una especie de capa blanca. En unos días, ésta evoluciona hacia un rojo frambuesa. Muy a menudo la fiebre sigue siendo relativamente elevada, excepto en las formas poco virulentas donde es menos importante.

Complicaciones de la escarlatina

En las formas moderadas, la erupción sigue estando localizada en los pliegues de flexión y aparece más rosada que roja. En cambio, los síntomas que conciernen a la garganta y a la lengua siguen siendo idénticos en todas las formas de escarlatina. Los signos generales (dolores y fiebre) se mantienen durante alrededo una semana mientras que las erupciones pueden durar hasta un mes. Muy a menudo, la erupción termina con una descamación (pérdida de la capa superficial de la piel) de las zonas afectadas.

Desde que aparecieron los antibióticos, las complicaciones son raras y ocurren sobre todo en las formas severas o descuidadas. Puede tratarse de una infección de los ganglios linfáticos del cuello, de una otitis, de una rinitis o de una sinusitis. También pueden aparecer, aunque en raras ocasiones, complicaciones en los riñones o en las articulaciones.

2. La escarlatina en los niños y bebés

Como se ha explicado anteriormente, la escarlatina es frecuente en los niños de entre 5 y 10 años. Sin embargo, es más rara en los bebés de menos de 2 años.

Muy contagiosa, la escarlatina se puede transmitir con facilidad de un niño a otro, en particular en el colegio. Esto es por lo que cada invierno aparecen pequeñas epidemias escolares que provocarán varios enfermos. En general, la escarlatina se produce entre los 5 y 10 años. Pero se puede manifestar más pronto, de 3 a 4 años, si el niño está en contacto regular con los demás.

Por lo general, antes de los 2 años los niños están inmunizados. De hecho, hasta entonces, los bebés todavía disponen de anticuerpos transmitidos por la madre a través de la placenta durante el embarazo. Por lo tanto, es relativamente raro que los niños pequeños tengan escarlatina. Sin embargo, con independencia de la edad, los síntomas son los mismos.

Los signos de la escarlatina

La enfermedad empieza de una manera brutal por una especie de angina, una temperatura elevada, dolores abdominales, y después, al cabo de 24 ó 48 horas, por una erupción cutánea característica. La piel se vuelve roja y granulosa, con la aparición de granitos rojos. Aunque la escarlatina es una enfermedad benigna, más vale consultar a un médico desde que aparecen los primeros síntomas.

Esto permitirá confirmar la escarlatina y, de esta manera, descartar otras eventuales enfermedades (sobre todo la varicela o la rubéola). Para ello, el médico examinará al niño, palpará su cuello y observará la lengua y la garganta. También puede tomar una muestra de algunas células de la garganta para sumergirlas en un reactivo y confirmar la presencia de una bacteria.

Casos de urgencia ante determinados signos

Si el niño tiene mucho dolor en los oídos, en la cabeza, tiene convulsiones o una temperatura que sobrepase los 40º C, se aconseja consultar a un médico lo más rápido posible. Al igual que si llora de manera inexplicable, si presenta manchas violáceas en el cuerpo, si su respiración se vuelve difícil o si su estado general se degrada.

3. La escarlatina en los adultos

Aunque la enfermedad se produce esencialmente en los niños de entre 5 y 10 años, la escarlatina también puede afectar a los adultos, sobre todo a aquellos que no la han pasado cuando eran pequeños.

Al igual que con algunas enfermedades infantiles, por lo general, la escarlatina sólo aparece una vez a lo largo de la vida de una persona. Después de haber sido contagiado por la bacteria, el niño desarrolla defensas dirigidas contra el agente que lo inmunizará de por vida contra la enfermedad. Gracias a esto, se estima que hoy en día, el 80% de los individuos ya han producido sus anticuerpos y, por lo tanto, ya no pueden tener la escarlatina.

Sin embargo, es posible volver a coger la escarlatina si la cepa de la bacteria contraída es muy diferente a la responsable de la primera enfermedad. En ese momento, las defensas desarrolladas durante ésta última no serán bastante eficaces para evitar que se manifieste la escarlatina. Además, todos los niños no cogen necesariamente la enfermedad. Aunque sea rara, por lo tanto, es posible que un adulto sea infectado y desarrolle la escarlatina.

Síntomas de la escarlatina en los adultos

Esto puede, por ejemplo, ser el caso de un padre que nunca ha estado expuesto, pero cuyo hijo está enfermo. En este caso, el adulto mostrará los mismos síntomas característicos. Es decir, la aparición de una especie de angina, una fiebre elevada, dolores abdominales o incluso vómitos y una erupción cutánea, de uno a dos días después.

Puesto que la enfermedad puede ser más grave que en los niños, se aconseja consultar a un médico desde la aparición de los primeros síntomas. Entonces éste podrá descartar la posibilidad de que se trate de otra enfermedad y confirmar la escarlatina. También prescribirá un tratamiento que permitirá luchar contra la bacteria y evitar que aparezcan las complicaciones.

4. La escarlatina y el embarazo: riesgos para la mujer embarazada

Aunque sea raro, es posible que una mujer durante el embarazo contraiga la escarlatina, por ejemplo si está en contacto con un niño enfermo.

La escarlatina se produce esencialmente en los niños, pero también puede, en casos raros, aparecer en los adultos y, por lo tanto, en las mujeres embarazadas. Puesto que la enfermedad es bastante contagiosa, es posible que la futura madre la contraiga si uno de sus hijos está contagiado. Sin embargo, la escarlatina no presenta una amenaza importante para el futuro niño.

De hecho, en la actualidad, no existe ninguna evidencia de malformaciones o de patologías causadas en el feto por el estreptococo o sus toxinas. Por lo tanto, la preocupación principal es un riesgo de complicaciones si la mujer embarazada no es correctamente tratada. Como en la mayoría de los casos, la enfermedad se manifiesta, sobre todo, por un importante dolor de garganta y por la aparición de una erupción cutánea. Por lo tanto, desde que aparecen los síntomas, es recomendable ir a consultar a un médico.

Una vez que se confirma la escarlatina, la mujer embarazada será tratada como con todas las enfermedades, con antibióticos. Estos tampoco presentan un riesgo para el futuro niño. Sin embargo, se tendrá que vigilar durante varios días el nivel de albúmina en la orina, ya que puede testificar la aparición de una complicación renal.

5. Tratamiento para la escarlatina

Puesto que la escarlatina es una enfermedad bacteriana, el tratamiento principal conllevará tomar antibióticos durante varios días.

Diagnóstico de la escarlatina

Puesto que los síntomas de la escarlatina son bastante característicos, la enfermedad no es difícil de diagnosticar. Simplemente se tiene que descartar la posibilidad de que se trate de una urticaria o de otra patología que sería de origen viral. Para esto, el diagnóstico de la escarlatina se puede confirmar tomando una muestra de la garganta que indicará el origen bacteriano de la enfermedad.

Tratamiento: ¿cómo curar la escarlatina?

Una vez diagnosticada, el médico prescribirá un tratamiento parar curar la escarlatina, esencialmente a base de antibióticos que ayudarán al organismo a deshacerse de la bacteria. Muy a menudo se trata de penicilina, a veces amoxicilina y en caso de alergia, de macrólido. El tratamiento se tiene que tomar durante como mínimo seis días y ésta duración se tiene que respetar de manera escrupulosa aunque los síntomas hayan desaparecido, para prevenir las complicaciones y la propagación de la infección.

Interrumpir el tratamiento puede conducir a una reaparición de los síntomas, a la aparición de complicaciones o incluso al desarrollo por parte de los estreptococos de una resistencia al tratamiento. También se puede prescribir paracetamol para hacer bajar la fiebre o calmar los dolores de cabeza. En cambio, la aspirina está totalmente desaconsejada en los niños y en los adolescentes.

Medidas para curar la escarlatina

Añadido al tratamiento, se pueden tomar algunas medidas para aliviar al niño enfermo. De esta manera, se aconseja vigilar regularmente su temperatura y hacer que beba con frecuencia para evitar la deshidratación. En cambio, más vale evitar todas las bebidas ácidas susceptibles de acentuar los dolores de garganta. También es una buena idea dar preferencia a los alimentos blandos (sopas, yogures y purés) si el niño todavía tiene dificultades para tragar.

Mientras los síntomas estén presentes, se recomienda que el enfermo repose lo máximo posible y que se dé preferencia a las actividades tranquilas. Con esta finalidad y para evitar el contagio, los médicos aconsejan que el niño permanezca en casa durante al menos dos días, más si los síntomas persisten.

En la mayoría de los casos, una vez bajo tratamiento, el dolor de garganta y la fiebre duran entre dos y tres días. La erupción cutánea, puede mantenerse durante un mes antes de desaparecer progresivamente. También se puede prescribir un tratamiento en las personas que estén en contacto con el niño o el adulto enfermo.

6. Escarlatina y contagio: prevención

La escarlatina es una enfermedad contagiosa que se puede transmitir con facilidad por intermediación de gotitas de saliva contagiadas.

Contagio de la escarlatina

Cualquier persona que haya contraído la escarlatina se vuelve contagiosa desde la aparición de los primeros síntomas. De hecho, la bacteria y la infección se instalan en la garganta. Si el enfermo tose, estornuda o escupe, puede contagiar a cualquier persona que se encuentre en contacto con las gotitas de saliva contaminadas.

En cambio, la erupción cutánea no es contagiosa. Por lo tanto, todo contacto con la piel del niño o del adulto enfermo no es suficiente para ser contagiado. Sin tratamiento, la escarlatina sigue siendo contagiosa hasta la desaparición de la erupción y las escamas, lo que puede llevar varias semanas. Pero si se toman antibióticos, se estima que el riesgo de transmisión desaparece dos días después del inicio del tratamiento.

Algunas medidas para evitar el contagio

Es por esto por lo que, por lo general, se aconseja consultar a un médico lo más pronto posible y, una vez se diagnostica la escarlatina y se inicia el tratamiento, permanecer en casa al menos 48 horas. Para limitar la transmisión, también se recomienda lavarse bien las manos, utilizar pañuelos de papel y, evidentemente, cubrirse la boca y la nariz cuando se estornuda o se tose.

Limpiar los objetos que se han utilizado o que han estado en contacto con el niño enfermo también limita los riesgos de infección, al igual que airear al menos una vez al día la vivienda. En caso de epidemia, más vale vigilar el estado de salud del niño para esperar la eventual aparición de una angina.

Sin vacuna para la escarlatina

A modo de prevención, se aconseja mantenerse alejado de los individuos enfermos, si no aún no habéis pasado la escarlatina. En casos raros, sin embargo, es posible volver a cogerla (si la cepa de la bacteria implicada es muy diferente de la que era responsable de la primera enfermedad). Por otro lado, no existe ninguna vacuna para evitar el contagio.

• Javier de la Rosa
Leer más
Recibe lo mejor de Gentside todos los días en tu correo electrónico
Suscribirse