Embolia pulmonar: síntomas, secuelas, causas y tratamiento
Embolia pulmonar: síntomas, secuelas, causas y tratamiento

Embolia pulmonar: síntomas, secuelas, causas y tratamiento

La embolia pulmonar puede ser fatal en casi el 20% de los casos. Pero, ¿cómo detectarla? ¿Cuáles son las causas? Y, ¿cómo tratarla? Sepamos más sobre esta enfermedad que puede ser fatal.

Embolia pulmonar: definición

La embolia pulmonar es una obstrucción parcial o total de una arteria pulmonar por un coágulo de sangre. El coágulo se forma durante una flebitis o una trombosis venosa, por lo general en las piernas. Cuando el coágulo se desprende de la pared de la vena, sube con la sangre en la circulación venosa hacia el corazón.

Ahora bien, cuando este último se contrae, envía la sangre y, por lo tanto el coágulo en las arterias pulmonares cada vez más finas, hasta que se bloquea, y esto es la embolia pulmonar.

Embolia pulmonar: síntomas y secuelas

En la embolia pulmonar, los síntomas son atípicos, y pueden variar de una persona a otra y según la gravedad del ataque. En caso de que aparezca de manera repentina, el enfermo sentirá una molestia para respirar, un dolor más o menos intenso en la base del tórax, signos de angustia, como escupir sangre.

Si es moderada, puede manifestarse por una simple fiebre y un dolor torácico, incluso puede que en este caso, los síntomas de la embolia pulmonar sean prácticamente asintomáticos. Sin embargo, en caso de embolia importante (cuando más del 50% de las arterias pulmonares están obstruidas), ésta puede conducir a un malestar, una pérdida de la conciencia, y más inusual un paro cardíaco.

La embolia pulmonar y su diagnóstico

La embolia pulmonar necesita cuidados de urgencia, y tiene como consecuencia, a menudo una hospitalización. Desde que aparecen los signos sospechosos, el enfermo tiene que llamar a un médico y limitar los movimientos para evitar que el coágulo migre. Durante la consulta, el médico efectúa un análisis sanguíneo para comprobar el nivel de oxígeno y de CO2.

Si los dos niveles están por debajo de lo normal, se confirma la embolia pulmonar. Se pueden considerar más exámenes específicos para detectar la embolia, como una radiografía pulmonar, un escáner torácico o una gammagrafía pulmonar. Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento de la embolia pulmonar consiste en disolver el coágulo que obstruye.

La embolia pulmonar y su tratamiento

Según la gravedad de la situación, la embolia pulmonar tiene diferentes tratamientos posibles. Si no se trata de una urgencia vital, se recomienda un tratamiento por anticoagulante inyectable (de heparina) que limitará la extensión del coágulo y permitirá su desaparición. A continuación, este tratamiento estará acompañado de anticoagulantes por vía oral como la antivitamina K.

Si la embolia es grave, se puede considerar una fibrinólisis que permitirá disolver el coágulo en cuestión de horas, sin embargo, el riesgo de complicaciones es más importante que con el tratamiento anticoagulante. Para ocuparse de las dificultades respiratorias, al paciente también se le administrará oxígeno.

La embolia pulmonar y sus causas

El coágulo de sangre presente en la arteria pulmonar proviene la mayoría del tiempo de una flebitis en la pierna. La flebitis es un trastorno cardiovascular que corresponde a la formación de un coágulo de sangre en una vena. El coágulo aparece a menudo en el lugar dónde la pared de una vena está lesionada. Su padecimiento puede ser accidental (fractura de la pierna o el cuello del fémur), pero también patológica (ulceración, infección)

Estas lesiones vasculares también pueden ser el resultado que sigue a una operación de un órgano muy vascularizado. Las personas víctimas de cáncer o cuya sangre es demasiado espesa también son susceptibles de desarrollar esta patología. La embolia pulmonar tiene las siguientes causas:

- el reposo en cama o una inmovilización prolongada sea cual sea la causa

- intervenciones quirúrgicas y especialmente las intervenciones ortopédicas, ginecológicas obstétrica y carcinológico – traumatismos (golpes, fracturas óseas)

- trastornos hereditarios de coagulación

- anticonceptivos orales y tratamientos hormonales

- algunas enfermedades (cáncer de pulmón, estómago, antecedentes de flebitis, varices…)

- tratamientos farmacológicos (quimioterapia)

- sobrepeso y obesidad

Escrito por Macarena Simal
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