Canadá: la fiebre de las trincheras, una enfermedad de la Primera Guerra Mundial, reaparece

Un médico canadiense afirma haber detectado recientemente varios casos nuevos de esta enfermedad, extinguida desde hace décadas.

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La enfermedad había causado estragos durante la Primera Guerra Mundial y luego desapareció gradualmente durante el siglo XX. Esta repentina reaparición preocupa especialmente a los médicos.

Consecuencia de la miseria social

Se trata nada menos que de la fiebre de las trincheras, una enfermedad bien conocida por los poileros de la Gran Guerra. El doctor Carl Boodman, especialista en enfermedades infecciosas del hospital de Winnipeg (Canadá), explicó en Radio Canadá que se ha enfrentado a un repunte de casos recientemente.

"Es una enfermedad causada por una bacteria llamada Bartonella quintana. Es transmitida por los piojos del cuerpo a través de sus excrementos. Los piojos de la cabeza se quedan en la cabeza, los del cuerpo en la ropa y a veces saltan al cuerpo humano para alimentarse de la sangre".

Una situación preocupante si se tiene en cuenta que en los últimos 30 años sólo se habían registrado tres casos en todo Canadá. Por desgracia, son los más desfavorecidos los que parecen ser las primeras víctimas:

"Hay pequeñas epidemias de fiebre de trinchera que se dan entre la población urbana sin hogar”.

A veces las complicaciones dramáticas

La Bartonella quintana es una bacteria especialmente insidiosa, como explica el Dr. Boodman. Puede permanecer viva durante semanas o meses en la ropa y luego, una vez que se ha asentado en el torrente sanguíneo humano, no causar síntomas durante semanas o meses.

Los síntomas que siguen son los de una enfermedad parecida a la gripe, que dura media docena de días, con fiebre alta. No es raro que estos síntomas desaparezcan por sí solos antes de reaparecer de nuevo.

"Como es difícil de diagnosticar, creo que se nos escapan casos", lamenta el doctor Boodman, pero advierte: "Puede ser bastante vaga en sus síntomas, pero puede tener complicaciones graves".

De hecho, la fiebre de trinchera puede acabar provocando una infección de las válvulas del corazón, debilidad en los vasos sanguíneos y aneurismas. Miles de soldados murieron por esta causa entre 1914 y 1918 debido a la falta de higiene. Su reaparición ha preocupado al Dr. Boodman:

"Es una tragedia porque indica la condición de las personas sin hogar. Tenemos la responsabilidad colectiva de mejorar esa condición".