La historia del soldado que siguió luchando 29 años después de la guerra

La historia del soldado que siguió luchando 29 años después de la guerra

¿Sabías que un soldado japonés siguió luchando durante 29 años después de la Segunda Guerra Mundial simplemente porque su comandante no fue a buscarlo? Te lo contamos todo.

A los 20 años, la vida del japonés Hiroo Ondona,y la de otros muchos ciudadanos, dio un giró de 180 grados. Lo llamaron para ir a combatir en la Segunda Guerra Mundial y, luchó durante 30 años, muchos años más de los que duró. ¿El motivo? Su comandante le hizo prometer que se quedaría escondido y nadie fue a buscarlo. Esta es la historia de un hombre cuya fuerza de voluntad y patriotismo le convirtieron en un personaje histórico de lo más sorprendente.

Pase lo que pase, vendremos a buscarte.

Cuando Hiroo Onoda fue reclutado para luchar contra los americanos y defender su país, se quedó helado. El joven dejó su trabajo y se metió en la escuela de Nakano para formarse como agente de inteligencia. Su objetivo: quedarse en las últimas líneas enemigas con un grupito de soldados y obtener información del enemigo. El 26 de diciembre de 1944 le enviaron a la isla de Lubang, en Filipinas.

Allí, las instrucciones de su superior, el comandante Yoshimi Taniguchi, eran sencillas: los soldados vendrán a buscarte cuando acabe su misión de infiltración, aunque tarden años. Mientras tuviese a un soldado a su cargo, le ordenaría ocuparse de esto. Si tiene que vivir en la miseria más absoluta y alimentarse de cocos, que lo haga. No obstante, él tendría prohibido suicidarse. Pase lo que pase, iremos a buscarte.

El 28 de febrero de 1945, la isla de Lugang fue tomada por los aliados. Onoda y el resto de soldados se dividieron en grupos de 3 o 4 y se dispersaron por la jungla. La mayoría de ellos fueron asesinados pronto. No obstante, la tropa de Onoda sobrevivió al principio. Juntos, siguieron escondiéndose en la jungla y alimentándose de fruta y recursos que robaban en las granjas. La vida es dura pero, Onoda y sus hombres resistieron.

¡La guerra ha terminado!¡Sal de las montañas!

El 25 de octubre, mientras que la compañía de Onoda llevaba a cabo una incursión en una de las granjas locales, cayó un folleto que proclamaba: "La guerra terminó el 15 de agosto! ¡Puedes salir de las montañas! Siguieron fuertes discusiones, pero la pensó que se trataba de propaganda aliada e ignoró el mensaje. Ignoraban las bombas que lanzaron sobre Nagasaki e Hiroshima, por lo que la derrota de Japón les parecía improbable.

Por eso cuando el general Yamashita ordenó que se lanzaran panfletos sobre la selva pidiendo a sus hombres que volviesen a casa, todos pensaron que se trataba de una trampa. Japón no podía perder la guerra. Y cuando el país saliese victorioso, alguien vendrá directamente a avisar a las tropas para llevarlas a casa.

Volvieron a repartir folletos, periódicos y cartas familiares. Los funcionarios se desplazaron a la zona con megáfonos para invitar a los soldados a que volviesen a casa, en un intento de hacerles entrar en razón. Pero aún así, la paranoia de los soldados les impidió creer que la guerra había llegado a su fin. Pasan los años, un hombre de Onoda desertó y otro es asesinado un tiempo después durante una escaramuza. En octubre de 1972, después de 27 años de infiltración, el último compañera de Onoda murió en un combate con una patrulla filipina.

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La identificación del cuerpo de este último hizo suponer al gobierno que Onoda, declarado muerto hace años, quizás se encontraba vivo en alguna parte de la selva. Organizaron búsquedas para encontrarle, pero Onoda es demasiado escurridizo y nadie consiguió atraparle. Hasta el día de 1974 cuando el estudiante Nario Suzuki decidió emprender un viaje. Se puso tres objetivos: "encontrar a Onoda, un panda, y el temible hombre de las nieves.

No sabemos si Nario Suzuki alguna vez encontró a los dos últimos de su lista en su viaje por la jungla, pero lo que sí sabemos es que descubrió el escondite de Onoda pero el soldado irreductible se negó a acompañarlo. Las instrucciones son claras: cuando termine la guerra, el ejército la recogerá. Suzuki regresa a Japón y advierte al comandante Taniguchi de su descubrimiento. El ex militar reconvertido desde el librero acompaña a Suzuki y, después de 29 años de búsquedas infructuosas, finalmente puede anunciarle a Onoda que puede regresar a casa.

El impacto de este último es comprensible. A los 52 años, el soldado de repente vio terminar la misión que había guiado su vida y se dio cuenta de la cantidad de muertes inútiles que él y su pandilla habían causado. Se preguntaba por qué sus compañeros están muertos. Por qué pasó su vida dirigiendo una pelea que no tenía ninguna razón de ser. Esta es la historia de un hombre cuya locura y devoción inspiran tanta indignación como respeto.

Javier de la Rosa
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