El efecto Thatcher: cómo el cerebro modifica nuestra percepción de los rostros

El efecto Thatcher: cómo el cerebro modifica nuestra percepción de los rostros

Esta es una ilusión óptica que podría quebrarte la cabeza. El increíble efecto Thatcher demuestra hasta qué punto la mente es capaz de modificar nuestra percepción.

Aunque la veamos del revés, la foto tiene una apariencia completamente normal a primera vista. Una simple cara, nada más. Sin embargo, cuando le damos la vuelta a la imágen, observamos algo espantoso: la cara que parecía ser normal es, en realidad, un collage de pesadilla creado para quebrarte la cabeza. Si no te has dado cuenta de la trampa a primera vista, has sido víctima del efecto Thatcher, un fenómeno que podemos observar incluso en los primates.

El cerebro, máquina de identificar caras

Nuestro cerebro está hecho para reconocer rostros. Como especie altamente social e, incluso, por simples motivos de supervivencia, es crucial para nosotros identificar las formas rudimentarias de una cara entre una multitud. Ya sea para identificar a una persona cercana a nosotros o detectar a un depredador, esta habilidad está inscrita en lo más profundo de nuestros genes. Y encuentra su paroxismo en la pareidolia, la cual nos lleva a ver rostros en objetos cotidianos. 

El efecto Thatcher

Sin embargo, la forma en la que el cerebro trata la información puede sorprendernos bastante, como demuestra el efecto Thatcher. Este efecto salió a la luz, por primera vez, en 1980 de la mano del profesor de psicología Peter Thompson en un retrato de la primera ministra británica Margaret Thatcher (de donde proviene el nombre). Demuestra que, frente a una cara del revés, a nuestra mente le cuesta más identificar las modificaciones locales y las anomalías en la imagen. 

Para demostrar este hecho, Thompson realizó unos collages de rostros en los que algunos elementos estaban invertidos. Al girar la fotografía final, nos encontramos con un rostro del revés cuyos ojos y boca están representados al derecho. Una anomalía que nuestro cerebro apenas parece detectar. Pero que, una vez se revela, es difícil volver a ver la fotografía como un retrato completamente normal. 

Un fenómeno observable en los primates no humanos

Un estudio realizado en 2009 demostró que el efecto Thatcher también podía observarse en primates no humanos. El experimento no reveló ninguna diferencia de reacción ante una imagen adulterada y otra real, lo que sugiere que este fenómeno proviene de nuestros ancestros simiescos. ¡Un efecto que no para de engañarnos!

• Javier de la Rosa
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