Cirrosis: síntomas, causas, definición

Cirrosis: síntomas, causas, definición

La cirrosis es una grave afección del hígado responsable de muchas muertes. Pero, ¿cuáles son los síntomas de la cirrosis? Y, ¿a qué es debida? 

Definición: ¿qué es la cirrosis?

El hígado es un órgano vital y uno de los más voluminosos del cuerpo. Situado en la parte derecha del abdomen, entre el diafragma y el estómago, el hígado tiene muchas funciones: filtra las toxinas, almacena y transforma los nutrientes absorbidos por los intestinos. También fabrica las proteínas que contribuyen a la coagulación de la sangre, produce la bilis que permite la absorción de las grasas y contribuye a regular los niveles de glucosa de ciertas hormonas.

La cirrosis es una enfermedad del hígado. Se caracteriza por una sustitución progresiva de los tejidos sanos del hígado por nódulos y tejidos fibrosos, lo que altera progresivamente la función hepática. Se trata de una enfermedad grave e irreversible que puede permanecer estable o evolucionar.

Causas de la cirrosis

Muy a menudo, la cirrosis tiene su causa en un enfermedad crónica del hígado. Está provocada en el 75 y el 95% de los casos por el abuso de alcohol, lo que se conoce como una cirrosis alcohólica. En menor medida, también puede estar provocada por una infección viral, sobre todo una hepatitis B (5% de los casos) o una hepatitis C (del 15 al 25% de los casos).

Síntomas: ¿cómo se manifiesta la cirrosis?

La cirrosis es una enfermedad silenciosa que sólo se manifiesta cuando el 80% de las células del hígado están afectadas. Es sólo en ese momento cuando aparecen los primeros problemas. La cirrosis, puede presentar los siguientes síntomas:

-    Fatiga, acompañada por una pérdida del apetito y de un adelgazamiento (primeros signos).

-    Náuseas y diarreas.

-    Aumento del volumen del abdomen (acumulación de líquido en el vientre).

-    Ictericia.

-    Hemorragia digestiva debida a una hipertensión portal (urgencia médica). Se traduce por vómitos de sangre o heces muy negras.

A menudo, estos síntomas generales llevan a los enfermos a consultar y a realizarse un reconocimiento médico. En caso de sospecha de cirrosis, el médico tratará de palpar el hígado, el bazo y buscará la presencia de rojeces en las palmas de las manos o en la piel.

Para confirmar el diagnóstico, se tiene que realizar una biopsia del hígado para visualizar las lesiones fibrosas características. Un análisis sanguíneo permitirá evaluar el funcionamiento del hígado y una ecografía ayudará a precisar el aspecto del órgano. Estos exámenes también proporcionarán pistas en cuanto a la causa de la enfermedad.

Tratamiento: ¿cómo tratar la cirrosis? 

Se trata de una enfermedad irreversible. No existe ningún tratamiento eficaz para curar la cirrosis, a parte del trasplante de hígado. Sin embargo, el enfermo puede limitar los factores que la agravan tratando la causa de la enfermedad.

Cuando la cirrosis es alcohólica, la abstinencia es inevitable. En el caso de una cirrosis asociada a un síndrome metabólico, como la diabetes, el paciente tiene que perder peso, controlar su diabetes y disminuir los niveles de lípidos en sangre. Por último, cuando la cirrosis es hepática y es provocada por una hepatitis viral, se tienen que administrar los tratamientos antivirales.

En menor medida, el paciente enfermo de cirrosis tiene que modificar su estilo de vida. Primero tiene que dejar de consumir alcohol. Puesto que agrava la enfermedad, el consumo de tabaco también tiene que cesar. Algunos medicamentos y drogas pueden tener un efecto tóxico sobre el hígado y se tienen que evitar. Hablad con vuestro médico.

Complicaciones de la cirrosis

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Sin una atención o con un estilo de vida inadecuado, la cirrosis del hígado dará lugar a una etapa llamada descompensación, en la que el órgano ya no es capaz de realizar sus funciones. Esto conduce a la aparición de complicaciones en la cirrosis, como una ictericia (la piel y el blanco de los ojos se vuelven amarillos), una encefalopatía o la aparición de varices en el esófago.

La cirrosis del hígado también puede provocar un aumento de las infecciones bacterianas, así como un cáncer de hígado. Cuando la cirrosis está avanzada hasta el punto de poner en peligro la vida del enfermo, la única opción que se contempla es el trasplante hepático, o trasplante de hígado.

Sin embargo, la operación no está exenta de riesgos y requiere encontrar un donante compatible. Los plazos de espera también pueden ser largos.

Macarena Simal
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