Encuentran la 8ª maravilla del mundo, pero no la podremos ver

Encuentran la 8ª maravilla del mundo, pero no la podremos ver

Las terrazas del lago Rotomahana, consideradas la 8ª maravilla del mundo, desaparecieron tras una fuerte erupción que tuvo lugar en Nueva Zelanda hace más de 130 años. Investigadores creen haber encontrado los restos de la formación geológica en el fondo de un lago, lo que podría poner fin al debate que gira en torno a su localización.

Tras más de 130 años, la 8ª maravilla del mundo al fin podría localizarse. Situada en Nueva Zelanda, a la orilla del río Rotomahana, las Pink and White Terraces, en español “las Terrazas Rosas y Blancas”, se declararon desaparecidas en 1886. Aquel año, el Monte Tarawera provocó una de las erupciones más fuertes de la historia de Nueva Zelanda, la cual hizo que esta maravilla cayera en el olvido.

Antes de su destrucción, las Terrazas Rosas y Blancas eran las mayores formaciones de silicio de cuarzo compuesto por finos granos que brillan bajo la luz del sol. Según los archivos históricos, una de las formaciones era de un blanco perla excepcional, mientras que la otra tenía un tinte rosado que coloreaba sus numerosas terrazas. Te Otukapuarangi, o la fuente del cielo nublado, y te Tarata, o la roca tatuada, en maorí era, por lo tanto, una gran atracción para los turistas del siglo XIX hasta que tuvo lugar el cataclismo. 

Teorías concurrentes sobre el futuro de la maravilla 

Algunos científicos pensaban que el impacto de la explosión había destruido por completo las terrazas, las cuales se encontraban a 10 km al sudoeste del volcán. Ambas formaciones se encontraban frente a frente en torno a un lago, no obstante, tras la explosión del volcán, el lago original y las terrazas desaparecieron en un gigantesco cráter.  Con el paso de los años, el cráter se llenó de agua y reemplazó a su predecesor. 

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Desde 2011, numerosos grupos de investigación han tratado de encontrar esta maravilla de la naturaleza que parecía, hasta ahora, fuera de alcance. En distintas expediciones submarinas, los investigadores pensaron haber encontrado restos de las terrazas en el fondo del lago. Sin embargo, otros estudios basados en fotografías submarinas han rechazado esa hipótesis, apostando, más bien, por una destrucción o una mala interpretación de fotografías. 

Estos investigadores piensan que los restos se encuentran, de hecho, enterrados a menos de 15 metros de profundidad, muy cerca de la orilla del lago. Una hipótesis, no obstante, de capa caída según un nuevo estudio que se ha publicado en la revista Journal of The Royal Society of New Zealand y que se basa en una cartografía detallada de las aguas subterráneas de la zona.  

Peris Martínez Irene
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