Razones por las que los "pasaportes inmunitarios" serían una mala idea
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Razones por las que los "pasaportes inmunitarios" serían una mala idea

Tras el desarrollo creciente de la propagación del coronavirus, parece que en algunos países ya se está introduciendo la idea de implementar el "certificado de inmunidad" y los "pasaportes inmunitarios".

Este tipo de documentación, acreditando el estado de salud de los ciudadanos, sí que tiene precedentes. Se dio en el siglo XIX durante la epidemia de la Fiebre Amarilla, cuya cuna estuvo en Nueva Orleans (Louisiana).

Esta enfermedad y la consecuente inmunidad de algunas personas llegó a dividir a los inmunes y a los no-inmunes durante un período de tiempo concreto. Y en aquella época, estos datos no solo eran relevantes para poder desplazarse con libertad, sino que también dictaban con quién se podía contraer matrimonio, dónde se podía trabajar y en el caso de los esclavos (recordemos que la esclavitud no fue abolida en EE.UU. hasta 1822), cuánto valían las personas.

¿Qué sería exactamente un pasaporte inmunitario?

Pues bien, se trataría de un tipo de documento que habilitaría a su portador a tener ciertos privilegios mientras el virus siga entre nosotros, como la libre circulación, el derecho a viajar, a socializar y a desplazarse físicamente al trabajo.

¿Por qué hacerlo? El objetivo detrás de esto es poder reavivar la economía global decadente. El 24 de abril la Organización Mundial de la Salud dejó caer que tales pasaportes no garantizarían nada, pero la semilla de esa idea ya se ha plantado en el núcleo de algunos países como Estados Unidos,Alemania o Reino Unido. A continuación te presentamos las razones por las que este proyecto de acreditación individual, todavía en pañales, hace aguas por todos lados.

"Actualmente no hay evidencia de que las personas que se han recuperado de la COVID-19 y tengan anticuerpos estén protegidas de una segunda infección" - OMS

No hay suficiente información sobre la inmunidad

Si bien es cierto que se ha comprobado la existencia de ciertos anticuerpos respecto al SARS CoV-2 tras pasarlo, no se ha llegado a verificar durante cuánto tiempo protegen estos anticuerpos al organismo. Podrían incluso durar pocos meses, que sería más o menos lo que se tarda en expedir uno de estos documentos.

Test serológicos: ¿fiables?

Por otro lado, la baja especificidad de algunos test serológicos que miden los anticuerpos presentes en el organismo, tienen también en cuenta distintos anticuerpos que no son específicos para el SARS-CoV-2.

Esto llevaría a falsos positivos, y el mismo caso se daría a la inversa: estos test requieren una alta concentración de los anticuerpos para que se de positivo, por lo que alguien que potencialmente los tenga, puede no tenerlos en la medida suficiente para que el resultado sea esclarecedor.

No hay tests para todos

Una persona que haya dado negativo ante el virus, puede infectarse más tarde, por lo que para confirmar una posible inmunidad sería necesario al menos hacerse la prueba dos veces. Ni siquiera existen los medios para hacer un único test a toda la población, por lo que hacerlo dos veces es simplemente inviable.

La tasa de recuperación no es suficiente para reavivar la economía

Hemos mencionado antes que el objetivo detrás de estos documentos de inmunidad sería un intento de reavivar la economía global para hacer frente a las pérdidas que ha causado esta pandemia. No obstante, aunque todas las personas que son inmunes consiguieran de manera efectiva y certera esos documentos, no sería suficiente para poder tener un impacto relevante en el crecimiento económico.

El tema de la privacidad

Es muy poco probable que la expedición y el seguimiento de este tipo de documentos no se digitalizase: hay altas probabilidades de que se metieran en bases de datos para su correspondiente monitorización, por cuestiones pragmáticas. El problema es que esta digitalización, que ya se está llevando a cabo en países asiáticos como China y Taiwan mediante códigos QR, atenta con la privacidad de las personas, especialmente una vez se termine la pandemia.

Si existen infraestructuras digitales capaces de tener acceso a este tipo de información, ¿quién puede garantizar que no se va a traficar con esos datos personales y registros de salud en el futuro?

Discriminación a minorías

No hay más que ver las actitudes xenófobas que ha habido hacia los residentes asiáticos en occidente o incluso a la inversa, hacia las personas extranjeras occidentales en Asia. Esta catalogación no haría más que fomentar el auge de la violencia y la discriminación contra minorías religiosas, sexuales, étnicas y raciales.

Clasismo: acceso injusto a las pruebas

Si algo ha puesto de manifiesto esta situación es que los sectores de la población más vulnerables son aquellos en los límites de la pobreza. Incluso los ciudadanos de clase media han podido observar las diferencias abismales que existen entre aquellos con los medios suficientes para subsistir cómodamente durante la cuarentena o aquellos que consiguen acceso a los mejores cuidados médicos.

Esta tendría que ser una situación que nos ponga a todos al mismo nivel de la balanza, pero ya hemos visto que no es así.

Nuevas segregaciones sociales

Hacer este tipo de segregación entre individuos, en general, sería algo tremendamente peligroso. Ya existen suficientes desigualdades que dejan desamparados a aquellos que no tienen las condiciones más favorables, como para añadir un elemento más a la ecuación.

Ya le preguntaban al epidemiólogo Fernando Simón el otro día su opinión respecto a incluir la "inmunidad" o el estado de salud en el Curriculum Vitae; alegaciones a las que Simón respondió con toda la paciencia y respeto del mundo, aunque la incógnita planteada no la merezca.

No necesitamos un nuevo tipo de meritocracia sanitaria.

Escrito por Andrea DP

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