Los humanos han construido accidentalmente una barrera alrededor de la Tierra

Los humanos han construido accidentalmente una barrera alrededor de la Tierra

En 2017, sondas de la NASA detectaron una gigantesca barrera de origen humano en torno a la Tierra. Una barrera que hemos creado sin saberlo pero que podría tener efectos beneficiosos si logramos controlarla.

El impacto del ser humano en nuestro planeta es bien conocido, aceptado y debemos controlarlo. No hay duda de que nuestra actividad influye tanto en los ecosistemas como en las corrientes dinámicas que animal al planeta, hasta tal punto que los científicos han dado la voz de alarma declarando que hemos entrado en la era antropozoica. Sin embargo, en 2017, la NASA descubrió que la influencia del Hombre se extendía aún más lejos, más allá de la atmósfera, hasta el espacio.

Una extraña barrera en torno a la Tierra

Todos nos sorprendemos cuando escuchamos por primera vez que el Hombre ha logrado crear una barrera artificial en torno a la Tierra sin saberlo. En 2012, la NASA lanzó dos sondas espaciales destinadas a trabajar de forma colaborativa durante su trayectoria hasta el corazón de los cinturones de Van Allen. Estos cinturones de radiación forman una zona toroidal (en forma de donut) con alto contenido en partículas energéticas las cuales dan lugar a las auroras polares cuando entran en contacto con la atmósfera superior.

El año pasado, las sondas detectaron una señal extraña durante su viaje. Cuando medían la actividad de las partículas energéticas capturadas por el campo magnético terrestre, descubrieron que esas peligrosas llamaradas solares se mantienen a cierta distancia gracias a un campo de ondas que desconocíamos hasta ese momento.

Las ondas de baja frecuencia

Al analizar estos resultados, los investigadores descubrieron que esta barrera había mantenido a los cinturones de Van Allen a cierta distancia de la Tierra durante las últimas décadas. El responsable de este alejamiento: las ondas de baja frecuencia o VLF (Very Low Frequency en inglés). Los investigadores que acudieron a la NASA confirmaron que estas ondas, utilizadas cada vez más desde los años 60, pueden influir en la forma en la que las partículas se mueven por el espacio.

"Numerosos experimentos y observaciones han ayudado a confirmar que, en ciertas circunstancias, las señales de comunicación de radio en VLF pueden afectar a las propiedades de radiaciones altamente energéticas en el entorno que rodea a la Tierra", expone Phil Erickson en el estudio que ha llevado a cabo con su equipo.

Estas ondas se utilizan mucho en los dominios de la ciencia, de la ingeniería y militar. Se sitúan entre los 3 y los 30 kHz, sirven, principalmente, para transmitir mensajes codificados a larga distancia y son especialmente útiles en las comunicaciones submarinas, dada su habilidad para atravesar las profundidades oceánicas sin corromperse.

Una burbuja no intencionada

Los ingenieros de la NASA se dieron cuenta a posteriori de que estas ondas habían salido de la Tierra y habían acabado en el entorno espacial que la rodea, formando esta especie de burbuja no intencionada. A diferencia del impacto directo que tenemos sobre nuestro planeta azul, el que tenemos en el espacio con esta barrera es, por una vez, positiva. Cuando entendamos cómo pueden las VLF frenar las radiaciones cósmicas, podremos proteger mejor nuestros satélites.

Por desgracia, en otros aspectos, el impacto del ser humano en el espacio continúa siendo desastroso. Tras las explosiones nucleares que crearon cinturones de radiación artificial cerca de la Tierra, junto a los numerosos satélites que rodean el planeta, aún tenemos mucho que hacer antes de plantearnos conquistar nuevos territorios extraterrestres.

• Javier de la Rosa
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